San Martín Pinario está vinculado al culto al Apóstol Santiago desde el OBISPO SISNANDO I (880-920); la comunidad custodiaba el sepulcro del Apóstol, junto con las congregaciones monásticas de San Paio de Antealtares y San Fiz de Solovio, y vinculados a la iglesia de Santa María de la Corticela, que en la actualidad forma parte del conjunto catedralicio, siendo la parroquial de los extranjeros.

El aprecio de SISNANDO I hacia la comunidad de Pinario, propició la construcción de un nuevo templo de Santa María de la Corticela a finales del siglo IX; esto permitió a los monjes desarrollar su tarea con mayor comodidad. De la existencia del antiguo monasterio tenemos noticias a partir del siglo X, por medio de los privilegios del rey ORDOÑO (912) y del obispo SISNANDO I (913), que certifican las primeras donaciones recibidas, así como la posesión de la iglesia de Santa María de la Corticela. En 992, el sucesor de SISNANDO II, SAN PEDRO DE MEZONZO, permite que los monjes de San Martín compaginen sus horas de culto entre la iglesia de la Corticela y su propio templo. En el siglo XI, el crecimiento de la comunidad, obliga a plantearse la construcción de un templo mayor; se inicia en 1050, en estilo románico, por decisión del abad ATAULFO, rematándose las obras en 1112, año en que se consagra la iglesia. La iglesia es consagrada, entre otros, por don DIEGO GELMÍREZ; éste le concederá al monasterio en 1115 un privilegio que aumenta y confirma las posesiones del cenobio benedictino.

Las propiedades del Monasterio irán en aumento durante toda la Edad Media, bien por adquisiciones, bien por donaciones; paralelamente a este enriquecimiento, se irá abandonando el sostenimiento de la Corticela, lo que creará ciertas tensiones con el cabildo catedralicio. Sin embargo, San Martín no escapará de la decadencia que se vive en la vida monacal gallega en la baja Edad Media, situación que se agravará en el siglo XV por la presencia de los abades comendatarios, que eran nombrados por los monarcas. En 1493, los Reyes Católicos implantan la reforma de las órdenes regulares; desaparecen los abades comendatarios y se supeditarán los monasterios a una comunidad superior, que, en el caso  de los benedictinos gallegos, será la de San Benito de Valladolid. Esta vinculación se hace definitiva en 1498, iniciándose así una etapa de recuperación que tendrá su apogeo en los siglos XVII y XVIII.

El poder de San Martín crecerá mucho en estos años, acompañado de una inmejorable situación económica gracias a las rentas, derechos de presentación y extensas zonas de señorío. Su dominio territorial se extendería a las cuatro provincias gallegas, llegando incluso hasta la provincia de León. Sin embargo, tras este gran auge, vino la caída. Las consecutivas desamortizaciones, y en especial la de Mendizábal de 1835, supusieron la exclaustración de los monjes benedictinos, implicando un progresivo deterioro de las instalaciones; no obstante, en 1868 se trasladará el Seminario Conciliar a San Martín, desde el Colegio de San Clemente -el actual Rosalía de Castro-. Este edificio monástico debió adaptarse a los nuevos tiempos, albergando en sus 20.000 metros cuadrados diferentes instituciones, entidades y actividades.

 

EL EDIFICIO

La fachada principal del Monasterio se orienta al sur, presentando justo enfrente la fachada de Azabachería de la Catedral compostelana; precisamente esa cercanía con la Catedral creó numerosos conflictos con el cabildo catedralicio, que se opuso en un primer momento a las obras. Los problemas no acabaron aquí, ya que también supondrá un embrollo la compra de terrenos a los vecinos o la frecuente oposición del Ayuntamiento. Finalmente las obras comenzarán de la mano de FRAY GABRIEL DE LAS CASAS, monje benedictino y maestro de obras, a finales del siglo XVII. Esta fachada se caracterizará por ser muy horizontal, y con una decoración muy austera; en los extremos presentará unas pseudotorres, que flanquean la parte central. En esta parte central el protagonismo lo tienen cuatro columnas dóricas de orden gigante, que sostienen un entablamento rematado por pináculos. En los lienzos murales que rodean este monumental pórtico, vemos una distribución en cuatro pisos, el inferior formado por una arquería ciega, y los restantes con pilastras toscanas rematadas, también, por un pináculo.

La entrada principal estará presidida por la imagen de San Benito, enmarcada en una hornacina que se encuentra inserta en un arco de medio punto; encima de esto podemos ver un pétreo balcón volado, sostenido por unas ménsulas decorativas. El conjunto se rematará a posteriori -en 1738- por una gran peineta rectangular obra de FERNANDO DE CASAS Y NOVOA, en la que está esculpido el escudo de España, entre columnas, y rematado todo el conjunto por la imagen de San Martín partiendo su capa al pobre. Este conjunto se completa por las monumentales escaleras de triple rampa, diseñadas por FRAY MANUEL DE LOS MÁRTIRES en 1751.

Siguiendo el muro oriental de las dependencias monacales, nos encontramos con el impresionante cierre de las tuyas o graneros. Nos encontramos aquí con la Puerta de los Carros, obra de 1740 realizada por FERNANDO DE CASAS Y NOVOA, que pretendía facilitar el acceso al Claustro Procesional desde la calle; aparece representada en ella, a modo de relieve, la figura de San Martín obispo.

El ala oeste del edificio estará constituida en un enorme muro de gran horizontalidad, horizontalidad que se rompe en la esquina suroriental, donde se reutilizarán dovelas de la fábrica bajomedieval.

Por último, cabe destacar los claustros. El más importante e imponente es el Claustro de la Portería, también llamado Procesional. Se comenzaría en torno a 1633 en su lado más próximo a la iglesia, y, aunque el proyecto se le atribuye al andaluz BARTOLOMÉ FERNÁNDEZ LECHUGA, trabajarían en él PEÑA DE TORO y MIGUEL DE ROMAY -quien realiza el campanario-. En 1677, FRAY TOMÁS ALONSO construye el segundo piso de este claustro. El espacio claustral se distribuye en dos plantas unidad por columnas pareadas gigantes de orden toscano, que se alzan sobre un podio. En el cuerpo inferior podemos ver arcos de medio pedio punto, mientras en el superior se colocarán unas ventanas rectangulares con balcones, coronadas por unas ventanas elípticas. La cornisa que culmina el conjunto estará completada por pináculos. Desgraciadamente, este magnífico claustro barroco no forma parte del recorrido visitable.

El claustro bajo, llamado de las Oficinas, sería una construcción mucho más austera, relacionada con usos más prácticos, ya que a él daban las cocinas y el refectorio. Diseño de FERNANDO DE CASAS Y NOVOA en el siglo XVIII, en la actualidad es la entrada a la hospedería que ocupa esta parte de edificio.